Los milicianos del clérigo
Múqtada al Sadr ya no sólo se enfrentan con soldados de EEUU,
como sucedió la pasada noche en Bagdad, sino también con los chiíes
moderados, a los que ayer apedrearon en la ciudad de Nayaf.
Los enfrentamientos entre
los miembros del Ejército del Mahdi y el Ejército
estadounidense, que duraron toda la noche pasada y parte de la mañana,
acabaron con la vida de al menos un miliciano y dos niños en el
suburbio de Ciudad Sadr en Bagdad.
Mientras tanto, la oración
del viernes fue suspendida por primera vez en la mezquita del Imán
Alí en Nayaf, unos 180 kilómetros al sur de la capital, después
de que los partidarios de Múqtada apedrearan a varios miembros de
un grupo rival que arreglaban el estrado desde el que se iba a
lanzar el sermón.
En los enfrentamientos de
Ciudad Sadr, los seguidores de Múqtada utilizaron armas ligeras y
lanzagranadas contra varias patrullas norteamericanas que
vigilaban las calles de este paupérrimo suburbio de la capital.
El Ejército estadounidense
repelió el fuego desde varios helicópteros hasta bien entrada la
mañana de ayer.
Prácticas ilegales
Mandos de la inteligencia militar de EEUU autorizaron el uso de
perros sin bozal para atemorizar a prisioneros iraquíes,
incumpliendo así la orden del presidente George W. Bush de no
usar métodos ilegales con los reclusos.
Un informe publicado ayer
por el diario The Washington Post desvela que los
responsables de inteligencia ordenaron a los adiestradores de los
perros del Ejército que les quitaran el bozal para intimidar a
los reclusos.
El periódico recoge las
declaraciones juradas de dos de los cuidadores de los animales,
los sargentos Michael Smith y Santos Cardona, ante los encargados
de la investigación del Pentágono sobre los abusos y torturas
detectados en las prisiones iraquíes.
Según su declaración, los
adiestradores llegaron a hacer una especie de apuesta para
adivinar cuántos prisioneros se orinarían involuntariamente de
miedo y pavor ante los animales.